Cuando inició la cuarentena que nos obligó a encerrarnos para evitar contagiarnos de un arma biológica que se le salió de las manos del ejército más poderoso del mundo, inició también un nuevo tipo de comportamiento humano. Un comportamiento  lleno de miedos a lo desconocido y entre esos miedos, el miedo a la muerte por algo que no se puede ver llegar.

Yo lo relaciono como un embarazo. De igual manera como un feto va creciendo en el vientre de una mujer, el nuevo ser humano va creciendo en su interior, al tener la posibilidad de encontrarse consigo mismo y darse cuenta que nunca se había dado enterado del ser que estaba viviendo en su propio cuerpo.

Son todo tipo de autoconocimientos que varían de la misma cantidad que seres humanos existen en el mundo. Algunos se dieron cuenta que estaban perdiendo el tiempo, otros entendieron cuánto debían valorar su vida, como están los que no aprendieron nada y reconocieron que nunca habían hecho nada en la vida y su existencia es un desperdicio de oxígeno.

Estos meses produjeron todo tipo de patologías y problemas psicológicos que en cualquier momento iban a surgir, provocando locura y ataques de esquizofrenia e histeria que salieron a la luz ante los familiares y gente cercana, y en los casos más peligrosos, la locura se demostró en intentos de asesinar a los vecinos y gente de la calle como expresión de desfogue como cual olla pitadora a punto de ebullición.

Pero volvamos al embarazo de la nueva personalidad que surgía de esta cárcel pandémica; ahora sabemos qué sirve, ahora sabemos quiénes somos, ahora estamos dispuestos a empezar de nuevo, porque sentimos que algo muy grande se perdió. El tiempo no se va a recuperar y es mejor creer que este año nunca existió, no son válidos los cumpleaños ni se deben tener en cuenta lo que haya sucedido durante la cuarentena. Digamos que es el consuelo del tonto.

Pero lo que si podemos asegurar es que es un nuevo comienzo. No un inicio con todo a las manos, sino con un pie metido en un balde lleno de barro seco que nos impide el movimiento, porque somos seres sociables y un distanciamiento es insoportable cual tortura de tan solo ver a quien queremos abrazar y darle un beso en la frente y la mejilla.

Las tiranías están desintegrándose, pero no lo hacen espontáneamente, es porque nos estamos uniendo. Estamos saliendo a participar y nuestro voto está expulsando a quienes solo buscan beneficios personales por encima de toda una nación. Esta época que comienza debe ser el surgimiento de la luz que borrará el oscurantismo que hemos vivido en estos pocos años y que esperan que nos mal acostumbremos a vivir. La Luz no surge sola y no viene de libros de texto ni de lo que diga alguien con mucho dinero. La Luz surge de la unión de quienes despertamos de este letargo que nos tenía enceguecidos y que el tiempo que pasamos encerrados en el vientre de nuestra consciencia nos ha iluminado para empezar de nuevo.

Es el mismo mundo con nueva perspectiva que nos permitirá crear el nuevo mundo. El cambio será difícil incluso doloroso. Pero estamos preparados y con capacidad de poder enfrentarlo. Porque de eso depende que no seamos enterrados en la fosa común que nos tienen preparados desde hace media década.