Hace un año, recordaba que subí al precario medio de trasporte que debo tomar para poder movilizarme de un municipio al otro, y en la silla que estaba libre, me senté junto con una vieja amiga que no veía desde hace mucho tiempo. Nos saludamos y nos pusimos al día en lo que se refiere a nuestra cotidianidad. En eso, yo saco del bolsillo una factura de los servicios y ella los ve, con cierta extrañeza, a lo que dijo: "Qué vas a hacer con eso?" y yo le contesté sin prejuicios: "Voy a pagar los servicios, por eso me bajo después para hacer la cola, ya me estoy preparando psicológicamente" y le sonreí; hacer la cola es estar casi una hora esperando que te reciban el pago.

"¿No pagas los servicios en línea? ¿En qué siglo vives?"

Me sentí como un culo.  Pero ella, tan linda, para subirme el ánimo me mostró con la ayuda de su smartphone cómo hacía ella. En los pocos tres minutos que tenía de tiempo antes de bajarme del transporte, me hizo una capacitación de todo el proceso que implica pagar la factura en línea.

Antes de bajar le pregunté por qué no la había vuelto a ver, y me explicó que ahora la encontraba en las "redes Sociales" y me dejó su apodo en la que más usa, que es Facebook. Nos despedimos de pico y me bajé a hacer la cola.

Y sí, tardé una hora en la cola para pagar los servicios, durante ese tiempo me tocó aguantar sol mientras lograba entrar al establecimiento, que carecía de aire acondicionado y mientras olía el sudor de todos los ciudadanos que esperaban como yo, en una culebra humana que se enroscaba cada tres metros, intentaba que fuera un momento mínimamente agradable con chistes malos y hasta cantando y dejando que se burlaran del Ringtone de Mario Bross de mi teléfono celular.

Cuando por fin llegué a mi casa, lo primero que hice fue prender mi ordenador y meterme al Facebook y buscar la cuenta de mi amiga. Y que tremenda sorpresa me encontré. Esa mujer ha hecho de todo. Desde organizar eventos culturales en otros municipios, hasta trabajar con el Gobierno como Secretaria de la Juventud. Según su "muro" en la "red social" lleva haciéndolo desde hace más de cinco años.

Después de espiar su vida un buen rato, me hice una pregunta que todavía me da vueltas. ¿Por qué no me había dado cuenta? ¿Cuál es la razón que haya desaparecido y ahora me doy cuenta que siempre ha estado? ¿Es que acaso yo que me la paso andando a pata por todo lado no he tenido la perspicacia de enterarme de la vida de quienes me rodean?

Vino la pandemia y con ella la cuarentena de más de 90 días, y por cosas absurdas de la vida, conseguí un trabajo temporal en la misma institución en la que trabaja la amiga que encontré en el bus. A la semana preparé un informe escrito de casi 50 páginas de lo que se hizo, lo fui a entregar y oh! sorpresa! Resulta que debía escribirlo en el muro de Facebook, me entregaron el acceso y supe que más de 20 personas usan esa cuenta, que lo que hice, debía entregarlo como guion para un influenciador que presentaría todo como un programa de televisión farandulero. Que cuando se presentase al público, todos los empleados estaban obligados a darle "like" y además debían opinar maravillas de lo que hacía la administración y además de eso multiplicar el mensaje a todos sus contactos.

En ese momento caí en cuenta que todo era una pantomima, que eso explicaba el total desconocimiento de mi parte por no pertenecer a la "Red Social", que todo lo que hacían solo lo conocían los que estaban suscritos, que habían reducido la oficina de Comunicaciones a alguien dentro de una oficina que esperaba sentado y que acabó con los panfletos, los afiches, las idas a las emisoras, a la televisión al perifoneo (vehículos con megáfonos que vociferan mensajes de interés social). Y los mensajes perdieron total profundidad. En mi caso, un informe detallado terminó siendo algo que debía caber en un párrafo, resumido, sin explicaciones ni justificaciones para terminar siendo consumido cuál comida chatarra, con el deslizar de un dedo pulgar sobre una pantalla LCD de algún teléfono móvil, cuyo usuario está hambriento por información irrelevante.

Todo se limitó al Internet, eso no tiene nada de malo, está muy bien. Pero hay un pequeño detalle. En este pequeño pueblito en el que yo vivo solo 34 de cada 100 personas tiene Internet, de estos solo 11 lo utilizan asiduamente, y solo 4 utilizan las redes como Facebook. Si se toman la molestia de ver el alcance que tienen, se darán cuenta que los ven y escuchan más, en países mal llamados de primer mundo, donde el Internet es casi gratis y de casi total cobertura. Pero eso, a los funcionarios públicos les parece un gran logro. "Mejor, que vean en el extranjero que vamos bien" se atreven a decir.

Después de esta triste experiencia, miro a mis vecinos de dos formas. Una es la que estoy viendo de frente, físicamente, tal como los veo, y la otra de manera virtual, es decir, teniendo en cuenta lo que ellos quieren que crea que son, en un mundo irreal al que se prestaron a acceder para mantener la realización de sus sueños imposibles, cuál droga psicotrópica, les permite olvidar su esclavitud en un mundo cada vez más extraño, más cruel.

Hace cuatro años, alguien involucró mi nombre en una pelea de chismes en la red Facebook, eso dio pie para que mucha gente opinara en mi contra e incluso recibí muchos insultos en la calle. Lo interesante del caso es que ahora que estuve revisando la red me vengo a dar cuenta del escándalo en el que fui el protagonista, pero solo ahora, despúes de cuatro años me vengo a dar cuenta. Oviamente no voy a defenderme, no reviviré ese fuego y la gran ventaja es que en estas cosas todo se olvida apenas aparece algún video viral de un niño haciendo alguna gracia.

Ahora que no pertenezco a esa red, siento que no me conocen, que no existo, pero me siento libre. Me preocupa el sobrevivir, pero al aire libre, donde solo los rayos del Sol calienten mi piel y el viento me cubra de polvo. La Internet seguirá siendo mi medio de comunicación, solo espero no perder la retina por culpa de un dispositivo electrónico.