Es el gato de mi vecino Luis Alejandro. Es un joven que trabaja con su moto de mensajero puntualito de lunes a sábado. Vive con una hermosa joven la cual espera un hijo suyo. Los domingos pone música desde el televisor y le conecta u sistema pequeño de sonido cuya calidad es aceptable. Pone salsa romántica y algunas veces hacen karaoke, desafinan, pero esa es la gracia. Eventualmente organizan reuniones son amigos y las terminan en la madrugada. Aunque a veces se pasan en el volumen, siempre son respetuosos con sus vecinos. Bueno, excepto al comienzo que trajeron algunas costumbres algo excéntricas, como parquear la moto en la casa del vecino o llevar a hacer sus necesidades a un lechón que tenían de mascota.

Durante la cuarentena obligatoria que vivimos durante la pandemia, fue quien me ayudó a pagar las facturas con su servicio de mensajería. Y era económico, por lo que le contraté un par de veces.

Fue un día viernes a las 8:30 PM que me preparaba para ver una telenovela turca con una amiga, cuando escuchamos gritar en la calle “¡correo! Abran que llegó correo”. Yo solo me pregunté “¿correo?” y quien me acompañaba me comentó: “Que extraño, correo a esta hora”.  Justo en ese momento me vino a la mente que la semana pasada alguien le preguntó algo a uno de los vendedores de memorias mp3 que pasan por aquí, y éste le señaló la ventana del segundo piso de mi vecino. Reaccioné tarde, pero aun así corrí a asomarme. Ya se habían ido.

Media hora después mi hermano llegó a la casa algo agitado y me contó que justo en el negocio de comidas rápidas “pare y coma” habían matado a alguien y se le llevaron la moto. Se trataba de mi vecino, a quien lo mataron con arma de fuego a las 8:45PM, quince minutos después que vinieron a dejarle un supuesto correo, pero que nadie contestó al llamado. Salieron a buscarlo y lo encontraron en el Barrio Uribe Uribe. Cuando le conté a mi hermano él dedujo que lo estaban "pistiando".

Lo más triste del caso es que los medios de comunicación para normalizar el suceso insistieron con la idea errónea que fue para robarle la moto. Los medios siempre buscan ocultar la triste realidad de la existencia de mafias paramilitares que buscan asustar a la población para imponer negocios ilícitos, cosa de la que hablaré en otro momento.

Hoy domingo de luto, en el barrio se siente una tensa calma. La gente saluda y sonríe, pero por dentro hay malestar. El traqueto de otro barrio cuya familia no lo soporta un segundo, se metió con su carro blanco y parlantes con luces de neón y pantallas LED azul cielo, a un parqueadero de a la vuelta cuyo dueño es un alcohólico y aun sabiendo del duelo, puso música con un pésimo sonido a altísimo volumen, típico de alguien cuyos oídos están destrozados y que solo disfruta sintiendo retumbar el ruido dentro de sus esfínteres y su ano.

Vuelve la noche, y veo que en frente todo está en oscuridad, donde antes siempre había luz. Solo queda el gato feo, que se asoma por la ventana a esperar encontrar algo o alguien. Mirando la poca gente pasar. Es un gato solitario. Como solitario se sentirá la criatura que nunca conocerá a su padre, por culpa del capricho de algún grupo maldito que alguna vez pensó que se cree con el derecho divino de quitarle la vida a las personas de bien.